jueves, 21 de julio de 2011

NEGRO CARMÍN



Negro carmín

Logró que se parara antes de salir a la calle.
Apuntándole con su pistola, esta vez a la altura del corazón, y jadeando rabia le ordenó:
─Suelta despacio lo que tienes en la mano.
El hombre encañonado, jadeando también, pero con una sonrisa a pesar del dolor, fue obediente y lo dejó resbalar junto a la sangre que caía por su pierna. Al llegar al suelo hizo un modesto ruido.
─Lo ha tirado entre las macetas ─advirtió a su compañero que llegaba resonando por toda la escalera.
Con unos guantes, el recién llegado, recogió el carmín tratándolo como a la más exclusiva joya del mundo. La barra estaba a medio gastar.
─Habéis tardado doce pintalabios en cogerme ─empezó a reír a carcajadas─ Si hoy no hubiera sido por mi fallo de dejarla gritar… Ahora ―dijo mientras les ofrecía sus manos juntas con las palmas hacia arriba— llevadme. Estaré encantado de hacer una crónica detallada a todo el que quiera oírme
─Te has equivocado desde el principio hijo de puta, aquí se acaba todo ─y se le tensaron hasta los músculos de las orejas.
Los tres sintieron como las sirenas se acercaban a grandes zancadas.

Paloma ©

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